maternidad

Nuestro destete

Llevo tiempo queriendo escribir este post, hoy hace exactamente un mes que destetamos definitivamente y creo que ya toca contároslo:

Como expliqué en el post sobre nuestra lactancia (el cual recomiendo leer a la par de este post para entender mejor la “big picture”), hubo dos intentos de destete; el primero fue un fracaso y el segundo un éxito total.

Empecemos por el principio:

Cuando Joel cumplió los 9-10 meses, la lactancia empezó a interferir demasiado en nuestra vida, me explico:

Noté cómo cuando yo estaba presente, a Joel le cambiaba el humor, aunque segundos antes hubiese estado jugando feliz y contento, aparecía yo en escena y se tornaba quejicoso, venía hacia a mí y rebuscaba entre mi camiseta. Era su forma de pedir mimos, contacto… en definitiva, teta. Todo esto habrá a quién le parezca agradable y tal, pero sinceramente, a mí me irritaba y no me gustaba el hecho de no poder jugar con mi hijo de una forma normal, ni agacharme con él sin que empezase con sus quejiditos y todo fuera interrumpido por querer teta a toda costa.

A su vez, las noches cada vez eran peores, me vuelvo a explicar: Joel siempre ha sido un niño que no dormía más de dos horas seguidas, que se despertaba y lo único que le hacía volver a dormirse era mamar. Comenzamos el colecho sobre los 5 meses por mera supervivencia (para mí era más fácil tenerle en la cama con tantos despertares que levantarme cada vez en medio de la noche). Bien, llegados a este punto de su desarrollo, noté cómo posiblemente el hecho de dormir tan cerca de la teta le hiciese despertarse más, demandar más, mamar más, y todo era un círculo.

Cada uno conoce a su hijo y ésta fue nuestra conclusión, que al final tiene su explicación lógica y no sólo intuitiva (quién no pasa por delante de pastas Beatriz y le apetece un garrotico?).

Con una buena planificación y mucho apoyo y participación de Mamadú conseguimos un destete nocturno. Joel pasó a dormir a su habitación gradualmente y nuestra teoría se confirmó: espació sus despertares hasta el punto de incluso hacer varias noches durmiendo de tirón (sí, esto existe).

¿Cómo lo hicimos? Fueron varios cambios poco a poco: primero empezó a dormirse con su padre todas las noches, luego pasamos a que algunos días por semana dormía con él en otro cuarto (y tomaba bibes cuando se despertaba), y finalmente le pasamos a su habitación provisionalmente con unos colchoncitos en el suelo… cuando vimos que dormía muchísimo mejor ya le compramos su camita. He de decir que su padre ha sido el que, desde entonces, le ha dormido por las noches y se ha levantado cuando se despertaba. Yo no podía hacer esto porque, hasta que no dejase la teta me era imposible calmarle de otra manera. Ahora que el destete ya está afianzado, nos turnamos entre los dos 🙂

Ahí me relajé, ya que el destete diurno en un primer tiempo fue muy difícil (el tiempo y esfuerzo que me suponía “distraerle” cada vez que me pedía teta era enorme y no me compensaba). Consiguiendo el destete nocturno la cosa mejoró sustancialmente y decidimos esperar a una época mejor para conseguir el diurno.

Así llegaron sus 17 meses. Los niños crecen muy rápido en esta etapa de su vida y no sólo físicamente: cognitivamente, en cuanto a lo que desarrollo cerebral se refiere, hay cambios de una semana a otra. Por eso, lo que con un año no fue posible y parecía un objetivo inalcanzable con casi año y medio lo hicimos prácticamente sin ninguna dificultad.

Espaciando tomas, centrando su atención en otras cosas y aprendiendo cómo y cuándo había “peligro de teta”, conseguimos un destete de la noche a la mañana que nunca me hubiera imaginado tan fácil, después de nuestra trayectoria.

Hoy hace un mes que finalizamos la lactancia materna, una etapa de la que estoy orgullosa por todos los beneficios que supone, pero de la que pienso también debemos saber hasta qué punto nos beneficia y cuándo ya no deseamos continuarla. Llegados a este punto, la comprensión y apoyo de nuestro entorno son fundamentales.

A día de hoy, he aprendido cómo cuando Joel quiere mimos, consuelo… etc, viene y me da un abrazo, un beso. Antes esto eran quejidos por teta. Para él, mismo consuelo, para mí un cambio muy grande: sin duda prefiero esto de ahora que antes no sucedía!

También creo que el apego y el vínculo que Joel tiene con nosotros se ha forjado a base de todo lo que hemos hecho por él desde que nació, y aquí los 17 meses de lactancia sin duda juegan un papel fundamental con todo el sacrificio que ésta supone.

En fin, es mi historia, nuestra experiencia. Probablemente parecida a muchas y nada que ver con otras. Como siempre con todo lo que cuento.

Me gustaría que, cualquier opinión que suscite leer mi relato, me lo dejéis en comentarios. Todo sirve, todo ayuda y todos crecemos escuchándonos y contrastando vivencias. Vuelve a ser sólo mi opinión!

Feliz día!

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